|

El tren europeo pasó por Riazor, pero el Dépor se quedó en tierra firmando una actuación desastrosa, salvando los minutos finales. Mientras, el Atlético, sin muchos alardes, se pone a 2 puntos de la Champions.
Es preocupante la apatía que contagia el Deportivo. Era un partido que lo tenía todo para que Riazor viviese una de sus noches mágicas. Los de Lotina llevaban varias jornadas desperdiciando las oportunidades que se les presentaban, una detrás de otra, y parecía que esta vez era el momento de invertir la dinámica. Un partido contra un rival directo y además de renombre. De renombre, pero que tampoco se come a nadie, porque los colchoneros podrán presumir de tener una de las mejores duplas de ataque de la Liga, pero en el resto de las líneas el Dépor no tiene tanto que envidiarles. Sin embargo, no fue la calidad de Agüero y Forlán la que desequilibró el partido. La clave una vez más estuvo en la intensidad, por mucho que Lotina y los jugadores se empeñen en decir que todo está bien en ese aspecto. Un equipo que se juega lo que se jugaba el Dépor no sale al campo ‘a velas vir’, sin crear prácticamente peligro durante ochenta minutos. Seguramente ningún aficionado blanquiazul exigía hoy una victoria, pero sí que reclamaría más sangre y más orgullo en determinados momentos, porque parece que desde que se lograron los 42 puntos ya no hay nada por lo que luchar. Alguno le echará la culpa al más que evidente bajón físico del equipo. Como si los demás equipos no noten el cansancio. Además, ¿cómo se explica entonces que el Deportivo hiciese más en los últimos 5 minutos que en los 85 restantes? Pero la falta de intensidad y de claridad de ideas no es algo que afecte en exclusiva a los que están sobre el campo. Lotina reconoció recientemente algunos errores por su parte, pero muchos sigue cometiéndolos. Nadie se explica por qué tarda tanto el míster en efectuar los cambios, cuando el equipo lo pide a gritos. Por no hablar ya de los experimentos en el centro del campo. Resumiendo. El Dépor va camino de hacer lo de la temporada pasada pero al revés. Quedan 8 jornadas y las matemáticas dicen que todavía hay opciones de llegar a algo ilusionante, pero la desidia, el conformismo, y el pesimismo que transmite el equipo serán el verdadero enemigo a batir.
|